Porque no todo lo que dirige tus decisiones es consciente.
A veces una parte de ti quiere avanzar, crecer y ganar más, mientras otra sigue respondiendo desde patrones aprendidos, emociones no procesadas o formas automáticas de protegerse.
Por eso puedes tener una buena estrategia y, aun así, postergar, dispersarte, abandonar lo que empezaste o sentir tensión cuando llega el momento de vender, cobrar o dar el siguiente paso.
Cuando haces visible el ciclo, dejas de luchar a ciegas contra ti misma y puedes empezar a avanzar con mayor claridad y dirección.